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Llevarse los amenities, ¿necesidad, recuerdo o ansia?

Llevarse los amenities, ¿necesidad, recuerdo o ansia?

Los amenities son todos aquellos productos de acogida que podemos encontrar al entrar en nuestra habitación reservada (pastilla de jabón, peine, gorro de ducha…) y que el hotelero ha puesto a nuestra disposición para complacernos y hacer nuestra estancia más placentera, fácil y cómoda.

Estos artículos nacieron como un modo de bienestar superior que los hoteles más sobresalientes empezaron a brindar a sus clientes. Pero, ¿sabes cuándo nacen los amenities en España? En pleno siglo XVII, con la apertura de La Posada del Peine, el hotel más antiguo de España cuyo nombre hace referencia al primer amenities que se ofreció en el país: un peine.

Ver estos obsequios de regalo dispuestos para nosotros sobre una bandeja o cesto al entrar a nuestra habitación o baño es algo que nos provoca gran ilusión, y es que a los españoles el "fenómeno gratis" es algo que le causa furor, y el hotelero lo sabe.

Es por ello por lo que, a pesar de que en España en algunas comunidades no es obligatorio por ley que el hotel deba ofrecer amenities, para el hotelero es de gran satisfacción proporcionarlos ya que tiene unas expectativas en cuanto a competitividad y diferenciación con otros establecimientos, así como en un retorno de opiniones positivas y fidelización del cliente, entre otras. El hotelero conoce la importancia de los detalles.

Pero de llevarse estos amenities gratuitos de recuerdo a robar otros elementos del establecimiento hotelero solo hay un paso. ¿Qué pasa con estos amenities?, ¿realmente tiene la gente necesidad de llevarse todo lo que pilla por su paso?

Estas cuestiones se remontan a la historia, cuando en La Posada del Peine ya se ligaba con una cuerda al lavamanos este peine para que no pudiera ser robado. La tradición de dar la mano y coger el brazo viene de años atrás.

Los botes de champú o gel, las cuchillas, el cepillo de dientes y hasta el kit de costura son obsequios que el cliente puede llevarse sin problema, pero no lo son las bandejas o cestos en los que se colocan, ni las toallas y perchas. Y estos elementos no son los únicos objetos que desaparecen.

Sí, algunos clientes también arrasan con cuadros, sábanas, mantas, almohadas… hasta las bombillas y las pilas de mando. Y qué decir de los refrescos y licores de las mini-neveras. Todo esto implica robar, y en España ocupa los primeros puestos en esta mala práctica.

No solo en las habitaciones, el buffet, del cual está prohibido sacar comida, también es otro de los espacios en los que los clientes caen en la tentación: tarros de mermelada y mantequilla, quesitos, pan, fruta, galletas y hasta elementos de la propia vajilla salen de las instalaciones del hotel en manos de sus nuevos propietarios.

Aunque sean objetos a los que posteriormente no se les hace ni caso y solo se acumulan y se olvidan, da igual porque es gratis. Siempre queremos más, y no todo vale.

¿Tú qué opinas? ¿Nos movemos por la codicia? ¿Crees que los establecimientos hoteleros deberían reforzar sus medidas para impedir este tipo desvalije?

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